Hoy voy a quejarme.

Y es que, de vez en cuando, conviene recordar que tenemos como asumidos una serie de hechos que, por repetitivos, se han adueñado de nuestro día a día pasando a estar dentro de nuestra cotidiana vida.

Es cierto, y yo lo pongo en práctica tanto conmigo mismo como con todas las personas de mi alrededor, que hay adoptar una actitud positiva, ver que lo mejor está por llegar y que con esfuerzo podemos explotar todas nuestras capacidades y lograr todo aquello en lo que creamos.

Pero me molesta ver como sindicalistas del tres al cuatro llenan sus cuentas corrientes y viven a cuerpo de rey, como políticos asilvestrados en el arte de coger lo que no es suyo se ríen de todos nosotros. Me molesta ver con qué facilidad toman decisiones por todos nosotros haciendo caso omiso a la cruda realidad.

Me molesta ver como bufones de la corte, especuladores y elementos de dudosa reputación se lo llevan crudo sin ningún tipo de vergüenza, a dos manos y cuánto más mejor.

Hay crédito indefinido para quienes no lo necesitan pero se aprovechan, y no hay crédito ni credibilidad ni el menor interés para quienes emprenden, empujan y luchan para evitar su propio derrumbe y a la vez poner su granito de arena para ayudar a sostener los pilares de todo el país.

Me indigna ver como por el sur de España unos saltan la verja para entrar buscando no sé qué tierra prometida (que por mala siempre será mejor que sus países natales) y como por el norte los españoles saltan las fronteras buscando oportunidades en otros países.

Es ciertamente triste ver como se recorta en casi todo lo que afecta a todos nosotros y como no se toca casi nada de lo que afecta a muy pocos. Sanidad, educación, innovación, investigación, pensiones sufren la tijera por parte de todos aquellos que ni han sabido ni han querido, cuando tenían la oportunidad, mejorar el sistema.

Cada vez, en España, hay más personas en el umbral de la pobreza. ¡ En España !, país europeo, desarrollado y perteneciente al grupo de los 20 países más ricos. Qué mentira y que qué realidad más contrariada.

Me molesta ver como se han caído todos los líderes e iconos en los que podríamos vernos representados, aquellas referencias políticas, religiosas, sociales, empresariales o personales que teníamos como guía ya no existen. La mayoría han mostrado sus peores caras y se nos presentan ahora como corruptos, incapaces, inútiles, mentirosos, vacíos y otras tantas flores.

Pero lo que más me sorprende es la bondad de este gran pueblo que es el español (catalanes incluidos) que espera pacientemente que lleguen las soluciones a todos nuestros problemas, sin quejarse, sin movilizarse, sin exigir a nadie responsabilidades y soluciones y por encima de todo sin pedir que no acaben con lo poco que quedará del estado del bienestar (recuperarlo será ya más difícil). ¿A qué ostias estaremos esperando?

Hoy tenía que quejarme.

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