¿Por qué lo hacen tan difícil? Medidas valientes para combatir el desempleo.

En primer lugar dejar claro que soy de los han perdido la fe en los Gobiernos, sean del color que sean. Ni rojos, ni azules ni amarillos han demostrado ir más allá de sus propios fines electorales. Y es que, claro está, si tuImagen contrato es de cuatro años, tus objetivos estarán fijados en renovar los escaños en lugar de hacer políticas las necesarias y, en este caso necesario a corto plazo, que puedan minar el voto efectivo.

Pero justamente lo que necesita nuestro país con carácter urgente son políticas valientes que permitan, en un primer paso contener la situación actual y evitar un deterioro mayor de nuestra economía y, paralelamente, la confección de políticas de desarrollo a medio y largo plazo.

No nos engañemos, cuando hablamos de crecimiento y generación de empleo hablamos de largo plazo. Con más de seis millones de parados, ¿cuándo podemos decir que España podrá generar empleo y reducir las listas del Inem hasta valores, por ejemplo, del año 2007?

Pues bien, varios datos entran en la fórmula. En primer lugar España es capaz de generar empleo con crecimientos por encima del 2%. En segundo lugar, en las épocas florecientes de la economía española el Gobierno de turno era capaz de generar 800.000 puestos de trabajo. A raíz de todo esto es fácil ver como la solución es a muy largo plazo. ¿Por qué?, por el simple calendario; imaginemos que España empieza a crecer a partir del 2014 y que se ha diseñado la mejor de las estrategias de crecimiento, la infalible. Imaginemos que a partir de 2014 conseguimos que ya no se destruya empleo, que sería una de las mejores noticias. Y partir del 2015 crecemos de forma sostenible y sostenida a ritmos del 2% generando 500.000 puestos por año.  ¿Cuánto tiempo tardaríamos en absorber estos seis millones de desempleados? Algo más de 12 años.

Y cuidado, todo ello con políticas de crecimiento en sectores fuertes o creando nuevos sectores económicos, reconstruyendo el tan tocado sector industrial, apostando por sectores primarios, por servicios, por innovación y fuertes políticas energéticas y de competitividad, y olvidándonos de pelotazos inmobiliarios que nos han dejado con el lastre de cinco millones de viviendas vacías y miles de personas sin hogar. Casas ya tenemos para esta vida y para la próxima.

Tampoco perdamos de vista, que el paro estructural en España es alto debido a la desigualdad entre comunidades autónomas, pensemos que en épocas de mucho crecimiento, el paro se situaba en cifras por encima del 8% sobre la población activa. Mucho hay que decir sobre los diferentes Gobiernos que cegados por el crecimiento nunca resolvieron este problema.

Por lo tanto, la primera fijación a corto plazo ha de ser, señores gobernantes, generar empleo a toda costa. Actualmente sólo algo más del 36% de la población española tiene trabajo, es decir, por encima de los 16 millones de personas. En España vivimos y sufrimos más de 46 millones de españoles, por lo que el déficit de personas que no trabajan, luego no generan riqueza es de más de 30 millones.

¿Quién puede generar empleo? Principalmente las PYME, que supone más del 80% del total de empresas censadas  en España. Mucho más lejos de reformas laborales que incrementan minuto a minuto, fijaros bien, minuto a minuto, las listas de parados y endulzadas e inefectivas leyes de emprendimiento cuyo único propósito es lanzar a la aventura empresarial al mayor número de parados posible y, de esta forma, relajar de forma engañosa las propias listas de paro que sus propias políticas reformistas hacen crecer.

Las políticas de inserción al mercado laboral pasan por desarrollar, de forma urgente y taxativa, incentivos a la contratación de todos los grupos de parados ayudando a las PYME  a minimizar los desequilibrios que se producen contra sus ingresos en tres ejes principales:

  1. Costes energéticos. Y no sólo quiero comentar los precios de electricidad, gas, carburantes transporte, etc. Que sí, que son altos y hay que tomar medidas para minorar su impacto en las cuentas de resultados. Para ello el  papel que el Gobierno puede tomar en este caso es determinante, pero tiene mucho miedo a molestar a los grandes lobbies del sector energético. Por otro lado, también hay que considerar poner en funcionamiento políticas guiadas desde el Estado hacia el ahorro y la eficiencia energética muy dirigidas a una rápida    implementación en las empresas mediante fórmulas que requieran la mínima inversión utilizando las famosas empresas de servicios energéticos, que tanto bombo se les dio en su día y que, además, la mayoría de ellas, son grandes empresas capaces de diseñar y acometer grandes planes destinados a este fin.
  2. Costes laborales. El impacto de los costes laborales sobre los ingresos, y más a día de hoy que estos se reducen, es significativamente alto para las empresas. La solución que se adopta para contener estos costes pasa por disminuir la plantilla, no siempre de forma justificada, e intentar responder al volumen de negocio con menos recursos. Esta fórmula, si bien puede aliviar los costes laborales, nos impedirá volver a tomar la senda del crecimiento dado que, cuando sea necesario, no tendremos la agilidad suficiente de nuestro capital humano para llevarlo a cabo, a la vez que iremos perdiendo cuota de mercado irreversiblemente al perder capacidad productiva.

Y, dentro de los costes laborales, nos encontramos con tres partidas principales:

a)      Sueldos y salarios. Difícil será reducir en gran medida esta partida, dado el alto endeudamiento al que las familias se ven sometidas actualmente. El sistema económico ha canibalizado de tal forma la capacidad de endeudamiento de las familias que hace inviable la reducción de sus entradas económicas. Por otro lado, si conservamos su capacidad de ingresos y aseguramos la capacidad de empleo, seguramente facilitaríamos la dinámica de consumo.

b)      Costes de SS. Desmesurados, fuera de toda lógica. No podemos pretender que los 16 millones de personas con trabajo se hagan cargo de las necesidades de todo el sistema a base de incrementar cada vez más la presión y cargas de la seguridad social. Es imprescindible racionalizar este aspecto. La solución no es que se pague más, es que haya más contribuyentes. No hay otra solución.

¿Podemos disminuir estos costes a las empresas? Definitivamente sí. Falta que el Gobierno haga un esfuerzo y adopte medidas al respecto. Un primer planteamiento sería reducir o eliminar este costes por un periodo de tiempo determinado, fomentar la contratación e ir alineando la incorporación de nuevo de estos impuestos a la disminución de la tasa de paro, recuperando la Tesorería de la Seguridad Social sus ingresos a medida que aumenta el empleo y podamos tener cuotas más accesibles dado que se soportarán por mayor número de contribuyentes.

c)       Formación. La incluyo por importante, no por la inversión que actualmente, ni     históricamente se ha realizado. Un puesto de trabajo requiere de capital humano y de formación que permitan la optimización de cada puesto y la versatilidad de los puestos de trajo y necesidades de la empresa. Un primer paso a ser más competitivos.

3. Acceso al crédito. Así es, es necesario para seguir creciendo hacerlo de la única forma en la que sabemos, mediante endeudamiento, importante que sea contenido, e ir aprendiendo e incorporando a las empresas nuevas políticas de ahorro que permitan ir menguando la dependencia del crédito y les posibilite mayor capacidad de autofinanciación. Se tiende a gestionar la empresa desde la cuenta de resultados y no desde la caja y es muy importante saber dónde se encuentra cada euro de la empresa en cuanto a caja y rentabilidad.

Es imprescindible que se adopten, primer término, medidas urgentes de acceso al crédito medido y mesurado. En segundo término trabajar en desarrollar sistemas de crédito paralelos a los actuales,  más alejados de las grandes economías y más cercanos a la realidad de las empresas.

Políticas activas para detener la destrucción de puestos de trabajo, creación de empleo como base para el crecimiento económico y con carácter urgente medidas para rebajar la presión fiscal y  eliminar en lo posible el fraude (concentrado el 80% en grandes bolsas de fraude localizadas y conocidas) que serán argumento para un nuevo post.

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Más solo que la una.

A la graImagenn mayoría de emprendedores les suele atrapar esa extraña e intensa sensación de soledad básicamente en dos momentos cruciales de su aventura. El primero es al inicio, una vez que el proyecto y su modelo de negocio están definidos, todo parece brillante y, de repente,  surge el duendecillo que hace la pregunta: ¿y ahora qué?

Otro de los momentos, donde nos encontramos con la misma pregunta, es al final del proyecto, especialmente si algo, o todo, no ha salido bien.  Pero, olvidemos esta última situación y vamos a pensar en la mejor estrategia para lanzar el proyecto al mercado.

Mucho antes que iniciar la búsqueda de financiación, que a día de hoy es más fácil encontrar el Santo Grial, es necesario tener claro que el proyecto que estamos iniciando es válido, que tiene un sentido en el mercado, es decir resolvemos la pregunta “¿para qué vale?”. Y además, debemos dejar claro su factor diferencial y competitivo poniendo así en valor el proyecto y todo su conjunto.

¿A qué me estoy refiriendo? Algo tan sencillo como preguntar. ¿A quién?  A los principales expertos, aquellas personas que mejor conocen vuestro mercado objetivo y son capaces de valorar el encaje de vuestra idea o proyecto, que verán las ventajas y desventajas y que además os pueden ayudar a mejorar vuestro planteamiento de salida.

¿A quién buscar? Buena pregunta. Uno de los trabajos más meticulosos deberá ser la creación y selección de aquellos perfiles necesarios para poder extraer la mejor información y credibilidad para vuestro proyecto.  Los perfiles elegidos deberían permitiros  recorrer vuestra  propuesta y detectar aquellos puntos negros que hasta el momento no se habían considerado.

Los perfiles suelen ser muy distintos para cada uno de los sectores y/o mercados, y debería ser un factor de análisis al diseñar la estrategia de lanzamiento. Un denominador común es ir con mucho cuidado si presentáis el proyecto a grandes multinacionales con gran capacidad de innovación. En estos casos es fácil que, una vez firmados acuerdos leoninos y entregada ingentes cantidades de información, en la mayoría de los casos perderéis  mucho tiempo para nada o, incluso, el propio proyecto.

¿Cómo hacerles participar? Para dotar de valor añadido al proyecto, es muy interesante involucrar en el mismo a aquellos expertos en los que os habéis apoyado para validarlo. Son múltiples las formas de conseguir su participación. Crear un “consejo consultivo” donde podamos darles visibilidad y nos sirva de referencia para “avalar” con su experiencia y reputación el proyecto puede ser más que suficiente. Siempre podéis ir a largas negociaciones para participar en la empresa, porcentajes, etc., pero dependerá, como decía anteriormente, de cada tipo de perfil y cultura de mercado.

Conseguido este objetivo, habréis conseguido dos puntos fundamentales: evaluar vuestro proyecto (para bien o para mal) y añadirle valor y experiencia. Sin duda, habréis reforzado vuestra propia seguridad y seréis capaces de abordar las siguientes metas con la tranquilidad de tener una buena solución para mercado al que vayáis dirigidos.

Y ahora … hay que convertirlo en negocio.